viernes, 28 de diciembre de 2012

Una serie de catastróficas lesiones

Han sido varios los años dedicados a la práctica de mi afición favorita. La de correr. He corrido por todos los sitios por los que he viajado. Desde Londres, en Hyde Park a Berlin, pasando por playas, ciudades, campos, montañas, rios y veredas. No hay más placer que recordar esas sensaciones y revivir esas emociones en la soledad que te permite identificarte con el espacio en donde impactan tus zapatillas. Además el milagro de la carrera se suele producir en la amanecida, cuando la ciudad está aún aletargada y es como si estuvieses abriendo un regalo, todo ese espacio para tí. Pues bien, ha llegado el momento en donde el cuerpo esta pidiendo tregua y las señales son cada vez más directas. Solo le pido al 2013 que me dé un poca más de tiempo y de disfrute.